La nota desnuda

Originalmente publicado en Salto al Reverso

Fotografía: Belgravia Studios, Londres. Versión modificada por Klelia Guerrero García.

Al definir una pausa,
¿qué se les viene a la mente?
Diría que, comúnmente,
sin mayor prueba, sin causa
aquella idea se encausa.
Se percibe como falta,
como México sin palta,
como estado carente…
Pero, de forma silente,
su influencia puede ser alta.

La música, por ejemplo,
del silencio necesita.
Hasta una pieza exquisita
no llega a ser contraejemplo:
sin contraste no contemplo
la belleza que contiene;
si nunca se la detiene,
bajará eventualmente
su impacto en cuerpo y mente.
¡Pierde la magia que tiene!

¿Y qué pasa cuando llega
una pausa a nuestras vidas?
Esas aguas removidas
que el día a día relega
y coberturas desplega,
al fin pueden ubicarse
y, con suerte, disfrutarse.
Con tanto entretenimiento
viene bien un vaciamiento,
aunque eso implique pararse.

Dijo Cage: para un humano
el silencio real no existe
puesto que, aún subsiste,
tras acallar lo mundano
el latido —y no en vano—.
Y Pradas, más adelante,
con su visión “discordante”
mostró que cualquier sonido
puede dejar de ser ruido
si se atiende vigilante. 

La desnudez de la pausa,
más que vulnerabilidad,
es apertura y realidad;
sea una u otra su causa,
de amar y ser es concausa.
No es fácil, pero es posible.
Descubrir hace visible
la belleza y la pureza
de lo que llaman rareza;
lo inicial, lo imperceptible.

Este es un recordatorio
para mí y otras notas
ya sean radiantes o rotas
de qué no implica mortuorio
la desnudez, sino ofertorio.
Aunque eso me exponga al frío,
o a la corriente de un río
—físico o de preconceptos—,
más allá de los adeptos,
por mis pausas, hoy sonrío.

Pensando en electrones

Fotografía y dibujo: Klelia Guerrero García

No sé si también les pasa
que al aprender sobre un tema
ven extenderse su lema
y que a otras áreas traspasa.
Más aún estando en casa
estos ritos —en mí, clásicos—
se hicieron metastásicos:
entre libros explorando
o canciones escuchando
y en mil detalles básicos.

Entre tantos complementos,
de la forma más curiosa
una enseñanza valiosa
dejó en mí sus cimientos
y unos reconocimientos.
Luego de una conversación,
de esas con movilización
de energía en el interior
y sorpresas al exterior,
surgió más de una asociación.

En la charla mencionada
hice grandes confesiones
sobre miedos y visiones;
no estaba ya presionada,
más bien, ¡muy emocionada!
Sin embargo, las respuestas
que en la mesa fueron puestas
dieron paso a otras preguntas
que llegaron todas juntas,
con reflexiones impuestas.

Para citar un ejemplo,
acepté que he resguardado
mi ser, tras un gran candado,
como a tesoro en un templo
que ni yo misma contemplo.
Y aunque ya he decidido
no mantenerlo escondido
no conozco aún la ruta
ni cómo es que se disfruta
y suelta lo reprimido.

En esos días, leyendo,
sobre cargas y electrones,
su estructura y sus patrones,
mi mente se fue moviendo
hacia Drexler, y él diciendo
que sin importar su origen
su mente y ser se dirigen
como algunos electrones
que, lejos de sus nucleones,
centros ajenos los rigen.

Con esa y otras ponencias
recordé las ocasiones
en que, con mis relaciones,
también tuve esas vivencias.
Luego de esas experiencias
el mayor cuestionamiento
me causó un allanamiento:
si yo ya estaba deseando
mis muros ir derribado
¿por qué aún mi aislamiento?

Vi las plantas, vi las flores
que dibujé en mi cuaderno.
Vi que en lo chico y lo eterno,
en olores y en sabores,
a la unión se hacen honores.
Sí, debe reconstituirse
y en otros cuerpos hundirse,
pero así lo imperceptible
crece más de lo visible
para al universo abrirse.

El poder de un elemento
al aliarse va en aumento.
Si ya es grande, se potencia
su alcance, su resiliencia,
construye un mejor cimiento.
Tras la fase de enfocarme
únicamente en mi centro
veo que afuera, como adentro,
puedo abrirme y encontrarme,
unirme y movilizarme…

© 2020. Klelia Guerrero García. All rights reserved

Esperando esperar

Fotografía: Klelia Guerrero García

Bien sea por el sol o la luna,
hay fases en las que esperar
al siguiente día llegar
es la más grande fortuna,
¡cuál cena después de hambruna!
Allí, aguardar ansiosa
a que el botón se haga rosa,
es seducción y no angustia
es ilusión, y no mustia:
¡es una droga grandiosa!

En medio de este aislamiento,
con todo plan aplazado,
mi presente ha confrontado
procesos de apilamiento,
con fortuito crecimiento.
Y en medio de la confusión
causada con tal situación
observé que la quimera,
es constante, es pionera,
en mi vida y su narración.

Y es que desde que recuerdo
he encontrado adrenalina
en generar un acuerdo
con mi lado menos cuerdo
y —aunque a este no le fascina—
también con la disciplina.
Juntos somos gran equipo
en marcos de todo tipo.
Pese a lo que pueda implicar,
en lo de “esperando esperar”
¡somos arte y prototipo!

Porque el proceso de esperar
requiere de arduo trabajo:
¡puedes quedar cabizbajo!
Será mejor considerar
lo que deberás superar
y la paciencia a generar.
Pero una vez que lo pruebas
no solamente lo apruebas
sino que caes en adicción…
Y es que semejante ficción
sabe atrapar. Lo compruebas.

Y después de aquel instante
buscas un nuevo motivo
—aunque sea destructivo—
para seguir expectante
y distraerte al instante
con la imagen de algo “firme”.
Pero habrá un día que infirme
esa imagen y esa espera.
Me pasó y la historia entera
se cayó para pulirme…

© 2020. Klelia Guerrero García. All rights reserved

Súper estrellas

Fotografía: Klelia Guerrero García

Ser el centro de la atención
no es fácil ni divertido,
menos si se ha convertido
en un hit aquella canción
que fue de su composición;
o, si los medios deciden
que sus pisadas inciden
en quienes pagan por verlos
solo por entretenerlos…
¿Qué pasa si no coinciden?

Es entonces que una misión,
que pudo haber sido corta
para aquel que la reporta,
resulta en gran instromisión
y un alto poder de implosión.
Hay ya, demasiados casos
con efectos y traspasos
del dolor y afectaciones
que traen las complicaciones
a inocentes, sin retrasos.

Luego de afrontar el costo
correspondiente al filtro ideal…
¿qué de lo que vemos es real,
si el lente es igual de angosto
ya sea en enero o agosto?
Al demandar su perfección
en cada palabra o acción,
¡les privamos de humanidad!
Con eso, no es casualidad
que entre en escena la aflicción.

A aquel que sienta lejano
el proceso mencionado,
quizás esté equivocado:
por más que se muestre ufano,
trata de huir, y es en vano.
Para empezar, porque somos
de cada uno de los tomos
del libro de nuestra vida
—pese a que se nos olvida—,
estrellas, no mayordomos.

Dos, porque llega a seducir
cumplir lo que otros demandan
y los sentidos comandan,
llegando hasta a contradecir
a nuestro ser, por “relucir”.
Tres, porque esa separación
de la universal aleación,
que nos cubre en forma gradual
y empuja hacia lo individual,
no es más que una simple ilusión.

Lo que vemos en pantallas,
en las calles o el espejo,
es inocente reflejo
de nuestras propias batallas.
Aunque pongamos murallas
y elijamos el silencio,
como Galeano, sentencio
que callar no es la estrategia
que a nuestro ser privilegia:
en mis días, lo evidencio.

Si, somos protagonistas
pero no celebridades,
ni mucho menos deidades.
En lugar de ser guionistas
brillemos, ¡seamos artistas!
Esa misión es más bella
que la de súper estrella:
no requiere de perfección
ni busca la comparación;
solo abrazar nuestra huella…

© 2020. Klelia Guerrero García. All rights reserved

Desaparecer para permanecer

Color y fotografía: Klelia Guerrero García. Dibujo: Free Mandala Coloring Book

Nada se crea o se destruye,
solo cambia, se transforma.
Desde antes de tomar forma,
todo proceso confluye
a esa ley, incluso si huye.
Con o sin consentimientos,
seres, cosas, pensamientos,
vida, muerte y emociones;
bailan todos las canciones
que tocan las variaciones.

El agua es el elemento
que mejor sirve de ejemplo:
ya en un río o en un templo,
sobre tierra o pavimento.
Sea el ciclo fugaz o lento,
en función de condiciones,
cumplir debe las misiones
que, al vivirlo, ella encuentra.
Y hasta que en la tierra entra
habrán una o mil acciones.

Entonces, desaparece
del alcance de la vista
de quién, biólogo o artista,
de curiosidad carece,
¡y el fin del cuento parece!
Pero en realidad el agua,
sea de Irlanda o Nicaragua,
oye a Borges y a su pieza,
y apenas su vida empieza
una vez que se desagua…

Junto con ese momento
llegan dudas y nostalgia
que no dejan ver la magia
—y hasta se vuelven lamento—
de no ser más su elemento.
Pero es gracias a esa muerte
que el agua se hace más fuerte
se transforma, se hace vida,
en lugar de estar servida,
y dirán: ¡qué buena suerte!

No solamente en la tierra
estos ciclos se ejecutan:
sus regalos se disfrutan
al beberla en Costa y Sierra.
o cuando un fruto la “encierra”.
También al descomponerse
—y menos hermosa verse—
desaparece y da paso
al inminente traspaso
¡aún sin reconocerse!

Tal vez su estado de origen
ofrecía comodidad,
moldes, y la facilidad
de que otros sean los que eligen
cómo y cuándo la dirigen.
Eso mismo nos ocurre
cuando la vida transcurre
con mucho consentimiento
para “estar” en movimiento
y creer que el alma discurre.

Drexler, con otros concuerda:
SER es mejor estrategia,
porque aunque luzca más regia
cuando el agua está más cuerda,
¿trasciende o se la “recuerda”?
Solo desapareciendo
seguiremos existiendo
para toda la eternidad,
tocando la divinidad…
estemos o no latiendo.

© 2020. Klelia Guerrero García. All rights reserved

Crecimiento

Luz y obscuridad. Dibujo y fotografía por Klelia Guerrero García.

Es común si algunas veces
observamos a los peces,
árboles, pájaros o niños,
y exclamamos: ¡cómo creces!
si hay pruebas haciendo guiños.
No obstante, cuando no las hay,
pasa desapercibido;
o hasta pensamos: ¡¿qué caray?!,
cuestionando lo vivido
y omitiendo lo aprendido.

Es que el mundo nos enseña
y nuestras mentes diseña
a reafirmar solo la acción
que de halagos se hace dueña…
sin importar su “dirección”.
Esa fijación resulta
en ceguera, en estrechez,
que luego pasan su multa:
pensamientos de pequeñez
y un exceso de sensatez.

Pero si tenemos suerte
de ver, antes que a la muerte,
con más que nuestros sentidos
y esa “sensatez” inerte,
¡seremos nuestros latidos!
Lo anterior no significa
que no habrían más problemas
de esos que vivir implica.
Pero el pensar que son gemas
en bruto, derriba esquemas.

Porque al hacernos amigos
–como el queso con los higos—
de todos nuestros estados,
incluso los de “castigos”
—más si son inesperados—,
encontraremos belleza
y, con suerte, crecimiento
en todas y en cada pieza.
Sobre ese procedimiento,
si digo que es fácil… ¡miento!

Pero solo en la obscuridad
la luz pierde comodidad
y empieza a expandir su esencia;
solo ante la fragilidad
las ideas se hacen ciencia.
Solo una pausa forzada
hace que recalibremos
el camino y la jugada.
Y, si esa jaula rompemos,
lluvia y sol apreciaremos.

© 2020. Klelia Guerrero García. All rights reserved

El sombrero blanco

Silencioso y con cautela
con su ejemplo me empodera.
Sin dudarlo se desvela
cuando hay que cortar más tela,
cuando hay que alzar la bandera
o hay que cruzar la ladera.
Aquella alma misionera
desde siempre, a su manera,
sin demasiadas palabras,
dice: “eres lo que labras”
y “el trabajo remunera”…
“nada, de eso te exonera”.

Una mirada bastaba
para infundir disciplina
o armar una remolina,
porque con eso lograba
vencer lo que le retaba.
Pero de la misma forma
él puede romper la norma
para compartir con otros
de su blanca luz, sin filtros.
De eso y más: soy la misma horma.

Aunque no siempre es posible
que con su mano me guíe
o admirar cuando sonríe,
como un sombrero invisible
me acompaña apacible.
Día a día, agradezco
porque solo al verlo, crezco;
porque aprendo a ser sensible,
a valorar lo invisible,
y que soy lo que yo ofrezco.

© 2020. Klelia Guerrero García. All rights reserved

Si no puedes salir, ve hacia adentro

Publicado originalmente en Blog de Salto al Reverso

Ciertos factores originaron un virus, el virus causaría una enfermedad, la enfermedad se convertiría en pandemia y, con la pandemia, llegaría una nueva realidad: la de las medidas de aislamiento y distanciamiento social. Esta nueva realidad permitió que las manifestaciones artísticas ganen mucho terreno; en mi caso, principalmente, a través la escritura. En algún punto, aunque sin mucha suerte, empecé a preguntarme el porqué de la elección. Como la perseverancia es buena aliada, tras un tiempo con esa duda en mi cabeza rondando y mis pensamientos acechando, encontré varias conexiones sospechosas entre estos dos sujetos: la escritura y el aislamiento.

Para contarles al respecto, hace falta revisar un poco de contexto. Sus orígenes son distintos y, hasta antes de encontrarse en mi ser, cada uno vivía en su mundo y potencializaba su propia naturaleza. Con tantas diferencias, su historia parece la de un amor imposible: él, riguroso e impuesto por mi exterior; ella, una entusiasta originaria de mi interior. Sin embargo, sus esencias tienen tanto en común que nada de esto los ha detenido en su intención de aliarse.

Una de sus características en común es la conmoción que causan con su presencia. Cada vez que la escritura hace su aparición me enfrenta a algún nivel del síndrome de la hoja en blanco, un estado de shockmental inherente al inicio de un proceso creativo. Desde que el aislamiento llegó a mis días, ha producido cambios en mis dinámicas diarias que me confrontan con una sensación continua de presente y futuro “en blanco”: presente en blanco, al limitar mis opciones usuales de distracción; futuro en blanco, por su capacidad impredecible de echar abajo mis planes y expectativas. Así, el primero de sus logros conjuntos fue ponerme cara a cara con esa sensación de nada, con ese espacio vacío a partir del cual no me quedó opción sino empezar a crear e improvisar.

A partir de la creación y la improvisación, identifiqué otro elemento que esta pareja comparte: la posibilidad de adentrarme en dimensiones inexploradas, sin importar qué ocurre afuera. La escritura me ha sumergido en mundos internos que desconocía. Su novedad y relevancia son tales que, al menos mientras dura el proceso creativo, se apoderan progresivamente de mi atención sin requerir de mi autorización. Con el aislamiento, la situación es similar: no importa qué pase afuera, este se encarga de centrar mi atención en “mi mundo”; me recuerda que tengo capacidad creativa sobre este si me conecto con mi esencia. De ese modo, el segundo logro compartido de este dúo fue que reconociera mi poder de influir en mi realidad, de romper fronteras y esquivar lo visible, tan solo con que mi mente así lo pueda imaginar.

En el proceso de descubrimiento de ese potencial, observé otra de sus cualidades comunes: funcionan mejor cuando fluyen primero y se analizan después. Quien conozca a la escritura, la habrá oído repetir con paciencia que sus acciones no siempre se entienden desde el principio, que es necesario esperar y dejar la crítica para después. Con el aislamiento ocurre algo parecido, pero sus niveles de paciencia son menores y sus métodos más extremos: cada vez que me resisto a fluir, me empuja por un tobogán de emociones del que solo salgo bien librada cuando me suelto por completo y me dejo llevar. Sin importar sus preferencias en cuanto a los medios que usan conmigo, su tercera enseñanza —y una de sus más difíciles de aplicar— fue que me permita hacer las cosas mal, que deje fluir lo que hay en mí sin juzgarlo.

No menos importante, el cuarto elemento coincidente en la naturaleza de los protagonistas está relacionado con lo que toman a cambio. Al hacer su magia, la escritura se lleva parte de mi ser. Lo curioso es que yo se la he entregado siempre, antes y después de ser consciente de las condiciones del intercambio. Con el aislamiento hay un canje similar, pero su personalidad seria y formal hacen que se dé solo cuando hay una decisión explicita detrás. Con ello, su proceso va en sentido opuesto: si permito que el aislamiento se lleve parte de mí, él hará su magia. Una vez más, independientemente de sus procedimientos individuales, la escritura y el aislamiento me están dejando huellas que tienen asociados precios a pagar. En esta línea, su cuarto logro conjunto fue disponerme a asumir el costo del proceso —aunque lo desconozca— y a recordar que no importa cómo se vea la huella al final, el camino para conseguirla siempre valdrá la pena.

Y pensando en caminos, el mío ha dado ya algunos giros. Uno de ellos, al recordar que cuando el universo tiene aprendizajes que ofrecerme los muestra de varias formas en el quehacer; otro, al notar que mi resistencia ante su intervención aumenta su insistencia, mientras que mi apertura es capaz de alinear atención e intención para que colaboren con su objetivo. Tras esos giros, mi búsqueda se transformó en ofrecimiento y el ¿por qué? en un ¿para qué? Una respuesta simple —pero llena de valor— es que, para que mi ser pueda salir de verdad, me era necesario ir hacia adentro. Con sus cambios, sorpresas y costos, en ese camino he encontrado un par de obsequios. Sin embargo, creo que no me corresponde conservarlos sino compartirlos con quienes me han empujado en este proceso.

El primero, lo entrego como regalo de bodas para mi pareja estrella. Pese a que ya han generado un compromiso de largo plazo, en poco tiempo habrá cambios de contexto que harán que la escritura y el aislamiento tengan menos tiempo para estar juntos. Esa es también una gran oportunidad para que su relación evolucione y se convierta en algo superior, en algo resiliente. Como soy su espacio de encuentro usual, les ratifico la dedicación del tiempo y espacio que he descubierto y generado desde que se juntaron en mí.

El segundo te lo entrego a ti, que me has acompañado hasta aquí. Así como esta lectura causará experiencias distintas a diferentes lectores, o incluso al mismo lector en diferentes momentos, recuerda que tu historia con el aislamiento es tuya: vívela, abrázala, ¡sácale provecho! Al mismo tiempo recuerda que, pese a ser individuales, hay muchas historias ocurriendo simultáneamente: de la misma forma en que ofreciste tu tiempo y paciencia al explorar mi experiencia, te invito a contemplar con empatía tuya y las de quienes tienes cerca.

¿Y si me doy el permiso?

Sé que a veces temo crecer,
y evito ejercer la “adultez”,
su paradigma y estrechez,
pero aunque es necesario hacer
encuentro más valor en “ser”.
Descubrir y honrar mi esencia
no es fácil, no existe ciencia,
ya que el “ser” no es de contextos
ni responde a otros pretextos,
¡soy mi propia referencia!

Es bueno recordar eso
cuando entre anhelos y planes,
y pese a seguir refranes,
como parte del proceso
se rompen estos cual yeso.
Porque aunque sea controversial
Dios conoce mi potencial
y lo que debo trabajar.
Hace entonces su magia actuar
para enseñarme a improvisar
y a entender qué es esencial.

A pesar de que lo entiendo
me cuesta darme el permiso
por miedo a no tener piso,
sin notar que estoy perdiendo
el premio que no estoy viendo.
Como guía, alguien dijo:
para la vida, ¿qué elijo?
como en un baile: mi labor
mis zapatos y mi sabor,
¡que importa un piso prolijo!

© 2020. Klelia Guerrero García. All rights reserved